jueves, 5 de septiembre de 2013

Soy una mamá viajera

Ahora mismo estoy sentada en un avión, camino de una ciudad del norte de Alemania, comiendo la chocolatina de rigor y aprovechando para trastear en la tablet en estos ratos muertos.

Voy en viaje de trabajo; últimamente la cosa se está volviendo bastante frecuente. Es la tercera vez en estos últimos dos meses. Y no sé si seguirá así el resto del invierno, pero de momento lo de dejar a mi peque de 16 meses en casa está empezando a parecer una rutina.

Se queda con su padre de mil amores. Yo la verdad es que me voy muy tranquila, no tengo dudas de que está perfectamente. Ya os conté que habíamos conseguido destetar por la noche, y poco a poco todo va cogiendo ritmo. De hecho, la otra noche incluso salí a tomar algo con unas amigas, y se quedó durmiendo con su padre, ¡sin despertarse en toda la noche!

Pero se hace difícil dejarle en casa. Le echo enormemente de menos. Se me hace complicado pasar algunos días sin verle.

Por otro lado, están mis peripecias con el sacaleches por Europa: en aeropuertos, baños de oficinas... Creo que además de mi lista sobre los sitios curiosos donde he dado pecho, voy a empezar otra sobre los sitios curiosos donde me he sacado leche... Y es que querer es poder. Y yo no quiero ni pienso dejarlo. Así que no me importa recorrerme Europa con el sacaleches en el bolso. Tampoco tener que decirle a mi jefe que me voy al baño un buen rato porque me toca vaciar... El otro día tenía un viaje de ida y vuelta en el día a una reunión con un cliente. Y se me ocurrió la genial idea de meter el sacaleches también en la maleta del portátil, por si acaso. Menos mal que lo hice, porque nos cancelaron el vuelo y tuvimos que pasar la noche allí. No tenía ropa interior ni cepillo de dientes, pero sí el sacaleches :D

En fin, nunca pensé que acabaría así. Es una sensación extraña...

Besos desde la jungla (esta vez en tránsito :))

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