lunes, 29 de abril de 2013

Una y no mas

Hace bien poquito volvimos de un fin de semana en una casa rural con unos amigos. El lugar era hiperconocido por nosotros, ya que de "solteros", hemos estado por allí unas cuantas veces. Esta era la primera vez que íbamos con los peques. 

El resultado no ha podido ser mas desastroso, por lo menos para nosotros. Había parejas sin hijos, y parejas con hijos, a priori encantadas de estar juntas y respetando las primeras las necesidades inevitables de las segundas. Y hasta ahí todo perfecto. Pero, ¿qué pasa cuando una pareja con hijos se pasa al bando de los que no lo tienen?

La primera noche fue todo bien. Cenamos todos juntos, un poco tarde, eso sí. Los bebes, todos en la cama controlados con los intercomunicadores, mientras los padres cenábamos y charlábamos en el salón.

La segunda noche alguien propuso ir a cenar a un txoko al que siempre solíamos ir. Evidentemente, eso nos complicaba un poco la logística a los padres, pero como nunca llueve a gusto de todos, no pusimos muchas pegas. 

Una pareja decidió no ir. Su bebé no dormía bien y preferían meterle a la cama, como de costumbre. Así que sólo quedábamos una pareja con un bebé de tres meses, y nosotros. Aita Gorila y yo habíamos llegado al acuerdo de que después de cenar él se llevaría al peque a casa para que yo pudiera quedarme un rato a tomarme una copa con los amigos.
Los peques se habían quedado dormidos en sus carritos y cenamos tranquilamente. Pero el Gorila, para no perder la costumbre, se despertó enseguida. Aprovechamos para el avituallamiento nocturno, y su padre dijo que se lo llevaba a casa.

Las horas ya empezaron a hacerse intempestivas, y el txoko se convirtió en una discoteca, con la música a tope, y el bebé de tres meses en su capazo. 

Yo me retiré un poco mas tarde; a las cinco de la mañana llegó el bebé con sus tíos  Dormido, eso sí. Sus padres aún más tarde. Aunque a las ocho de la mañana tocaron diana todos los bebes, como de costumbre.

Después de esta historieta, hemos decidido que una y no mas. Me temo que los fines de semana con estos amigos llegaron a su fin. Yo soy la primera que cree que cada uno debe hacer lo que considere mejor para la educación de sus hijos, pero no puedo estar cómoda con alguien de quien estoy tan lejos. No soy capaz de explicar el motivo, pero este plan no me ha gustado, y, mi cuerpo me dice que si pretenden hacer otro fin de semana rural, no cuenten con nosotros.

¿Y vosotras? ¿Os habéis sentido alguna vez muy lejos de algunos amigos "de toda la vida" después de tener hijos?

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