domingo, 21 de abril de 2013

Crianza "Receptiva"

Una de las cosas que nadie me dijo antes de ser madre, y que he aprendido a base de experiencia, es que los bebes, en su camino hacia la madurez, pasan por etapas cambiantes: lo que un dia les encanta al siguiente les asusta, y lo que antes no soportaban de repente les divierte.

Desde el dia en que nacen. Yo muchas veces les digo a los papas recientes que al volver a casa del hospital con su recien nacido todo es un poco caótico. Hasta que de repente un dia, le coges el truco y las piezas empiezan a encajar: las tomas, los horarios, las triquiñuelas para dormirle...

Lo que me suelo guardar para mí es que, cuando ya por fin le has pillado el truco y te acomodas, el peque cambia el paso y tienes que adaptarte otra vez.


Recuerdo que hasta los ocho meses el Gorila iba encantado a todas partes, se quedaba tranquilo en su silla en cualquier lugar: bares, tiendas, restaurantes... Nunca tuvimos ninguna escena. Hasta el dia D, que como podeis suponer coincidió con un día importante, el día que una gran amiga que vive en otro país vino a visitarnos y a conocerle. Ese día, tuvimos una situación un poco bochornosa, por encontrarnos de golpe con un comportamiento que no esperábamos, y por tener que resolverlo además delante de otras personas, que siempre da mas apuro. Nosotros, padres novatos, no veiamos que el niño estaba pidiendo simplemente estar con los mayores, en la mesa.

Hace bien poco, el Programa Padre que tan buenos resultados nos habia dado durante unos meses para llevar al peque a dormir, ha quedado interrumpido hasta próximo aviso. No hay manera de que el Gorila vaya a dormir por las noches con su padre. Este cambio lo intuimos rapido, claro: unos cuantos berrinches varias noches seguidas teniendo que entrar Ama al rescate. Ya ni siquiera lo intentamos.

El término "crianza con apego" describe muy bien nuestra forma de crecer con nuestro hijo. Pero para mi, debería ser algo asi cómo "crianza receptiva con apego". Lo verdaderamente dificil no es colechar, atenderle cuando llora o portearle para llevarle cerca. Lo complicado es ser receptivo a las necesidades del niño en cada momento; ver qué necesita, por qué, qué le mueve a hacer las cosas. Entender por qué llora, se enfada o se frustra; por qué se siente satisfecho o sonríe. Saber adaptarse al niño, darle en cada momento lo que nos demanda y lo que necesita. El apego sólo es el medio con el que se hace, pero no el fin.

Ojala pudiera terminar esta entrada con una solución, pero lo único que se me ocurre es recomendar prudencia y receptividad ante los comportamientos de nuestros hijos. Todo lo que hacen es muy sencillo y siempre tiene un porqué, aunque no sepan explicarnoslo. A los padres sólo nos queda estar pendientes de ellos y tener algo de intuición y mucha mano izquierda para saber lo que verdaderamente necesitan.

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